Tapices españoles


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Doscientos tapices de la Real Casa pertenecientes a cuatro categorías –historia sagrada, historia profana, asuntos alegóricos y asuntos científicos– integraron la decoración mural distribuida entre siete salas y el vestíbulo principal. Émile de Molenes, subdelegado basic del comité francés y miembro del jurado internacional de la exposición, consideró a la Corona de España propietaria en exclusiva de las obras maestras de la tapicería flamenca, y transmitió a sus coetáneos la sorprendente sensación que le causaron el frescor y la viveza inalterable de unos tapices de más de cuatro siglos44.A pesar de que los tapices resaltaban el lujo y la riqueza de sus poseedores, las nuevas ideas estéticas del momento hicieron que los paños se fuesen arrinconando y que muchos se perdieran. Afortunadamente, la colección real se mantuvo en buena medida y hoy –gracias a su incorporación a Patrimonio Nacional– podemos contemplar magníficas series realizadas desde finales del siglo XV hasta el XVIII. De ese modo, el conjunto que podemos visitar en el Palacio Real de Madrid, en el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, en el Palacio Real de Aranjuez, en la Granja de San Ildefonso, o en el Monasterio de las Descalzas Reales, en Madrid, no tiene parangón en ninguna otra parte del mundo. Josef Destrée ( ), conservador de los Musées Royaux d’Art et d’Histoire de Bruselas, especialista en historia de la tapicería, presentó un comunicado en la Sociedad Arqueológica de Bruselas, en el que calificó las tapicerías expuestas en París, como “une des sights les plus remarquables de la foire mondiale”forty seven. Trascendental para la colección española fue la edición, a raíz de esta exposición, del primer catábrand de tapices, a cargo del conde de Valencia de Don Juan, donde se reprodujeron ciento treinta y cinco paños de “cette collection merveilleuse, dont quelques pièces de choix ont été exposées et universellement admirées à Paris”forty nine.Se consiguió así una mayor calidad y finura en las piezas, y se dió nuevo auge a su producción. El telar de bajo lizo es el que dispone la urdimbre de forma horizontal y sus hilos se separan en dos lizos que se manejan por medio de pedales que los levantan y los bajan alternativamente, de manera que el tejedor tiene ambas manos libres para trabajar con la trama. El cartón se sitúa bajo la urdimbre de manera que se trabaja directamente sobre el modelo, aunque visto a través de los hilos de la propia urdimbre. Esta técnica resulta más rápida por lo que se aumenta el rendimiento y se abarata el trabajo pero los resultados no igualan las labores del telar de alto lizo.

Lo mejor de tapices españoles

Las imágenes no firmadas proceden de fuentes de dominio público. Recorre Dublín y los escenarios de la serie con Espido Freire. Un centenar de personas trabajó el domingo durante thirteen horas para completar el delicado desmontaje y montaje de los espectaculares tapices, de cinco metros de largo y tres de ancho. A partir de ese momento los tapices volvieron a ver la luz solo en contadas ocasiones y además vivieron todo tipo de desventuras. Cuando murió León X fueron subastados para pagar sus deudas. Más tarde la Santa Sede volvió a comprarlos, pero algunos fueron robados en el saqueo de Roma de 1527, hasta que sus propietarios originales los recuperaron de nuevo y los devolvieron a los muros vaticanos. En la actualidad se exponen en la sala de la pinacoteca vaticana dedicada a Rafael.

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